Esclava:
Frank Einstein lo ten铆a todo. Era el mejor neurocirujano de Nueva York, viv铆a en un 谩tico de lujo y estaba invitado a todas las fiestas. Adem谩s, ced铆a la mayor铆a de sus ingresos a organizaciones ben茅ficas sin 谩nimo de lucro. Y sin embargo, Frank era m谩s que conocido en la comunidad sadomasoquista de la ciudad que nunca duerme por ser el dominante m谩s respetado, deseado y poco disponible de todo el condado.
Todos tenemos nuestros demonios, y Frank no era menos. Acostumbrado a conseguirlo todo, a ser el mejor, y a tener el control en todo momento, era dif铆cil evitarlo. El poder le era algo natural, y ni dar la mano a esposas a la salida de la cirug铆a o ayudar a pa铆ses pobres pod铆a matar sus deseos m谩s 铆ntimos; dominar, poseer y controlar a sus amantes. El deseo de ser llamado “amo”.
No le faltaban amantes, pero el d铆a de su 37 cumplea帽os recibi贸 el regalo m谩s peligroso del mundo; Dan, empresario de 茅xito y amigo desde la infancia, se lo llev贸 de compras… a por una esclava.
De todas las posibilidades, en aquel mercado tan ilegal como lujoso, tuvo que escoger a Jane. Hab铆a algo en su actitud que lo inspiraba, algo en sus ojos que sacaba a la vez lo peor y lo mejor de 茅l. Una mezcla de sumisi贸n y desaf铆o. Un porte digno, pese al collar. Y una mirada que parec铆a arrancarle el alma.
Jane quer铆a aquello. Deseaba aquello. Y Frank hab铆a pagado una cantidad obscena de dinero por tenerla. Lo que 茅l no sab铆a es que ella se hab铆a puesto en venta por si misma, y que buena parte del dinero hab铆a ido a pagar el tratamiento para curar el c谩ncer de su madre.
Ella anhelaba, desesperadamente, pertenecer a un hombre como Frank. Y 茅l demostrarle que, a煤n bajo su control, pod铆a ser mucho m谩s que una esclava.
Esclava Marcada:
No era nadie, no era nada.
Encapuchada, delgada, hambrienta, hu茅rfana y vagabunda en las calles de Miami.
Una latina de 19 a帽os sin pasaporte, sin identidad y sin futuro.
Hasta que me encontr贸 Bill Morgan, l铆der indiscutible de la mafia.
Un traje negro, corbata, zapatos de dise帽o y gomina en el pelo. Podr铆a ser mi padre.
Me pregunt贸 cuanto costaba mi vida. Me pregunt贸 si podr铆a matar para sobrevivir.
Dije que s铆.
Un tatuaje con forma de flor negra y tres cad谩veres despu茅s, era oficialmente “la hija” de Bill, protegida por encima de todos sus hombres.
Hasta que lleg贸 Darren, el jefazo de la competencia, tan podrido de dinero como mi “padre”.
Har铆a cualquier cosa por Bill… incluyendo entregarme a Darren.
Y as铆 lo hice.
Ahora pertenec铆a a aquel hombre. Metro noventa, brazos neum谩ticos, piel tatuada y llena de cicatrices. Era guapo, muy guapo. Y peligroso, m谩s peligroso que nadie a quien me haya enfrentado jam谩s, incluyendo a Bill. Pero tambi茅n me deseaba como nadie me ha deseado jam谩s.
Por un lado, era la hija de un jefe y la chica de otro, lo cual me hac铆a… poderosa. Pero por otro, mi vida les pertenec铆a, y ahora no era solo “la hija de Bill” o “la chica de Darren”, sino tambi茅n, cuando entro en su penthouse, su sumisa, su esclava y su mayor pasi贸n.
El Club de las M谩scaras:
Sara llevaba tiempo coqueteando con el sexo un poco m谩s… duro. A sus 24 a帽os, periodista, estresada y cada vez m谩s aburrida del sexo convencional, poco a poco hab铆a comenzado a interesarse por pr谩cticas m谩s ortodoxas.
Sin embargo, todo dio un giro a煤n m谩s brusco cuando conoci贸 su mejor amiga le present贸 a Pablo. Alto, atl茅tico, entrenador personal y, por supuesto, una aut茅ntica bestia en la cama. Result贸 dif铆cil para Sara decir que no a alguien as铆, pero m谩s todav铆a no quedar atrapada en su 贸rbita cuando descubri贸 la verdad.
Pablo se encargaba de organizar las reuniones BDSM de la ciudad, y con ellas, Sara iba a verse cada m谩s y m谩s inmersa en un mundo que parec铆a no tener fondo...