miércoles, 25 de marzo de 2020

Frank Caudett

Aluciman


Frank Caudett - Aluciman

Año 2283, siglo XXIII.
En el año de gracia de 2283 —rebasado el ecuador del siglo XXIII—
había humanoides que seguían viviendo bien.
Otros vivían espectacularmente.
Y uno, corno le daba la gana.
Jeremy Cooper.
Jeremy era lo que en otras épocas de la humanidad se había dado en
denominar un niño prodigio. A los 17 años había obtenido el título de
cosmonauta —piloto espacial y muy especial— y dos meses después
efectuaba su primer viaje a la Luna, a la base científica y militar que en el
satélite natural de la Tierra compartían las cuatro potencias más
significadas —Rusia, Estados Unidos de Iberoamérica, Alemania e
Inglaterra— que representaban la llamada Unión Terrestre de Protección y
Defensa que, con el paso de los años y a nivel mundial, había venido a
sustituir a la OTAN y al Pacto de Varsovia.
Porque los humanos, ¡al fin!, se dieron cuenta de que la carrera nuclear
era un gravísimo error que podía conducirles a la destrucción, o como
mínimo a dejar nuestro planeta en situación de inferioridad y desventaja
ante cualquier invasión extraterrestre. Así, los miles de satélites
anteriormente destinados a espionaje y posibles misiones destructoras
fueron retirados de sus órbitas y algunos, adaptados para albergar
tripulación y dedicarse a misiones científicas o de exploración...

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