Los Que No Están
Frank Caudett - Los Que No Están
Era algo serio, sí.
Algo fuera de serie, también.
De la raza seminóle
y muy tropical toda ella.
Muy hembra que se dice…
Con un cuerpo elástico, vibrátil como la palmera, que de tan dúctil
parecía construido en junco y cáñamo, que daba la sensación de no tener
articulaciones y que al mismo tiempo podía doblarse en todas direcciones,
encogerse, dispararse, que se contorsionaba con una facilidad de pasmo…
Coco Malatxi, decíamos. Sensacional. Piel cobriza. Facciones exóticas
de grandes y profundos ojos negros, nariz breve, labios tremendamente
sensuales, cabellos color tinieblas con destellos azulados brillantes…
Con un dos piezas de infarto, cubriendo la exhaustividad de sus formas
primitivas, agrestes, auténtico desafío a todas las leyes establecidas, imán
erótico que atraía el deseo lúbrico obnubilando las demás razones…
El, como asombrado, la miraba con extraordinaria fijeza.
—¿Ocurre algo conmigo, Donald? —inquirió la bella seminóle.
—No… Excepto que jamás te había contemplado tan extasiadoramente bella como te estoy viendo ahora.
Cocó hizo algo muy parecido a un runruneo gatuno.
—¿Y no será porque no te habías preocupado de mirarme bien?
—¿Me crees capaz de haberte poseído sin reparar en la prodigalidad de
tus encantos, Cocó?...
Era algo serio, sí.
Algo fuera de serie, también.
De la raza seminóle
y muy tropical toda ella.
Muy hembra que se dice…
Con un cuerpo elástico, vibrátil como la palmera, que de tan dúctil
parecía construido en junco y cáñamo, que daba la sensación de no tener
articulaciones y que al mismo tiempo podía doblarse en todas direcciones,
encogerse, dispararse, que se contorsionaba con una facilidad de pasmo…
Coco Malatxi, decíamos. Sensacional. Piel cobriza. Facciones exóticas
de grandes y profundos ojos negros, nariz breve, labios tremendamente
sensuales, cabellos color tinieblas con destellos azulados brillantes…
Con un dos piezas de infarto, cubriendo la exhaustividad de sus formas
primitivas, agrestes, auténtico desafío a todas las leyes establecidas, imán
erótico que atraía el deseo lúbrico obnubilando las demás razones…
El, como asombrado, la miraba con extraordinaria fijeza.
—¿Ocurre algo conmigo, Donald? —inquirió la bella seminóle.
—No… Excepto que jamás te había contemplado tan extasiadoramente bella como te estoy viendo ahora.
Cocó hizo algo muy parecido a un runruneo gatuno.
—¿Y no será porque no te habías preocupado de mirarme bien?
—¿Me crees capaz de haberte poseído sin reparar en la prodigalidad de
tus encantos, Cocó?...


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