Pilotos En La Gran Guerra
Jos茅 Ignacio Velasco Montes - Pilotos En La Gran Guerra

La «Gran Guerra» es el nombre, al menos literariamente, pero que ha quedado fijo y universal, de la Primera Guerra Mundial; esa absurda, como todas las guerras, matanza desenfrenada de personas, durante la cual y a posteriori, muchas cosas cambiaron de forma radical.
En la primera guerra mundial se empieza a luchar sin ver al enemigo, a distancia, dentro de trincheras o con minas subterr谩neas con las que volar las trincheras enemigas: no era s贸lo otra guerra, sino tambi茅n otro mundo.
Todo hab铆a evolucionado, aunque muchos no lo supieran, o tal vez no lo quisieran ver.
Trincheras, ametralladoras, barreras de alambradas de espinos, tantas que lleg贸 a decirse que la infanter铆a «mascaba alambres de espinos»; la artiller铆a de gran potencia y precisi贸n; los globos cautivos, y los dirigibles m谩s adelante, que espiaban los movimientos del enemigo y daban direcciones exactas de tiro a esa artiller铆a citada; el uso de gases venenosos y asfixiantes; la presencia de los primeros carros de combate, los «tanques», como se los llamaba, que los hab铆a de varios tipos, como el modelo Mark I ingl茅s, el Renault FT-17 franc茅s o el Sturmpanzerwagen A7V alem谩n, etc茅tera, en contraste con la escasa utilidad de una caballer铆a que empezaba a quedar obsoleta y periclitada, pero que se sigui贸 utilizando por su velocidad comparada con la de los soldados pedestres como enlaces.
Motocicletas, bicicletas y peque帽os carros arrastrados por perros, incluso para transportar heridos, as铆 como mensajes enviados con palomas mensajeras, formaban parte del cambio, al que hay que unir los recientes inventos como el de Marconi: su radio y la utilizaci贸n del cada d铆a m谩s perfeccionado tel茅fono de trincheras.
La aparici贸n de nuevas armas, despreciadas inicialmente por la falta de imaginaci贸n de esos altos jefes, arrugados y ro帽osos por el paso del tiempo, y con un desprecio inconsciente de una realidad que no consegu铆an entender, que les llevaban a ordenar cargas a la bayoneta frente a centenares de ametralladoras de muy alta velocidad de tiro, m谩s de 600 disparos por minuto, que cortaban los avances y las vidas de centenares de soldados que acomet铆an, a pecho descubierto, con la 煤nica protecci贸n de sus distintos uniformes y el escaso metal en las solapas del escudo de su unidad, del arma o del cuerpo al que pertenec铆an.
Del mismo modo, se tardaron en entender las muchas posibilidades de la aviaci贸n, no s贸lo como arma de combate, que fue algo tard铆o, sino incluso por sus amplias ventajas al realizar fotograf铆as y reconocimientos desde lo alto, aportando una rica informaci贸n de las posiciones y los movimientos del enemigo.
La ceguera general sobre la aviaci贸n, lleg贸 hasta el punto de negarles a los pilotos la posibilidad de saltar en paraca铆das si el avi贸n era derribado, pues los c贸modos jefes, lejos de las l铆neas de fuego, pensaban que los pilotos saltar铆an ante la menor dificultad en el vuelo.
Es por ello que, salvo escasas excepciones, un avi贸n tocado era sin贸nimo de piloto muerto y en otros modelos, como los biplazas, tambi茅n el ametrallador, o el observador, y por eso, entre los pilotos y sus mec谩nicos, se dec铆a: «mata o muere».
Es, en esta novela, el estudio de la vida de los pilotos, m谩s c贸moda y limpia que la de los que combat铆an con los pies en el suelo, pero igual de peligrosa, pues como hemos dicho, el piloto s贸lo ten铆a dos opciones: «matar o morir».
La formaci贸n de los nuevos pilotos, prepar谩ndolos para entrar en la lucha y conseguir sobrevivir, es uno de los aspectos de la novela, al lado de las relaciones sociales, el amor, los permisos, la vida de las enfermeras en los hospitales y un interesante grupo de aspectos de la vida en aquellas fechas entre los a帽os 1914 y 1918, el tiempo que dur贸 la conflagraci贸n en la que, cuando se firma el armisticio y la guerra termina, el n煤mero de bajas, entre los dos bandos es de 37.
508.
686 humanos, de los cuales los muertos son 8.
538.
315, siendo el resto: heridos y lisiados...

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